En mis clases de Relaciones en el entorno de trabajo pude aprender el uso de una estrategia muy interesante: La asertividad, una técnica de negociación que se basa en decir las palabras oportunas, en el momento oportuno, de la forma oportuna.
La asertividad es un concepto básico de la comunicación, pero que desgraciadamente, mucha gente pasa por alto. Se trata de un punto medio entre la conducta agresiva y la conducta pasiva.
Esta estrategia, entre otras cosas, permite controlar situaciones dificiles, consiguiendo un comportamiento más positivo que favorece las relaciones a la vez que se evitan sensaciones de estrés, crisis u otras.
Para ser una persona asertiva hay que seguir tres sencillos pasos:
Teniendo en cuenta estos 3 pasos, se habrá visto que uno de los pilares más importantes de las conversaciones asertivas son las palabras que debes utilizar para unirlas.
Existen varias técnicas más, pero estas son unas de las principales.
Esta estrategia consiste en repetir nuestra opinión hasta que el interlocutor se de cuenta de nuestra forma de pensar, ceda o intente corregirse hasta un acuerdo común.
Es importante tener varios puntos en cuenta:
Esta técnica intenta demostrar al interlocutor que no pretendemos atacar contra su opinión, reconociendo que hay motivos para pensar desde su posición (aunque no se esté de acuerdo, pero siempre teniendo la certeza de que tiene razón), aprovechando en todo momento para dar a conocer nuestra forma de pensar.
Cuando se realizan críticas directas sobre nuestra persona, se suele utilizar esta técnica, que se basa en aceptarlas, respondiendo lo contrario de lo que el interlocutor (agresivo) espera.
Esto produce una sensación de confusión que tiende a abandonar la conversación o hacer ceder en muchos casos el «ataque», aunque por otra parte también puede ser muy agresiva al confundirse con el sarcasmo.
Realmente, lo más importante de la asertividad (¿Soy asertivo?, Tests de asertividad) es el respeto a la opinión de los demás (sin infravalorarla), a la vez que se intenta dar a conocer (y respetar) la opinión propia.
El Doctor Barry Schwartz publicaba en 2004 un libro basado en una teoría bastante interesante, La paradoja de la elección.
Dicha teoría se basa en un concepto contradictorio en el que más es menos (Why More Is Less? en su título original) usado sobretodo con bastante frecuencia en el mundo del marketing y con un argumento sorprendente y digno de mención.
En un intento de ejemplificar esta paradoja, podríamos imaginar que entramos en un establecimiento dispuestos a comprar un producto concreto. Queremos acertar realmente con nuestra elección, así que llegamos al expositor, y nos encontramos con una variedad de más de 125 artículos.
En muchos de los casos se produce la llamada parálisis de decisión, en la que el comprador se bloquea y debido a la gran cantidad de productos a los que está expuesto para ampliar su abanico de posibilidades y paliar las exigencias de los consumidores, se produce el efecto contrario y totalmente saturado decide abandonar la compra.
Sin embargo, la paradoja de la elección nos dicta que en una tienda en la que se exponen un número menor de posibilidades (5 productos, por ejemplo) no nos habríamos ido con las manos vacías. Es aquí donde reside la importancia de la paradoja: si nos dedicamos más a la elección, menos lo haremos a disfrutar.
En el libro, Barry Schwaltz explica que hay tres tipos de personas en esta situación:
Así pues, conociendo los tipos de personas de la paradoja de la elección, y para finalizar Barry Schwaltz da una serie de consejos que he resumido en las 3 «E»:
¿Alguna vez al quedarte dormido, has sentido una desagradable sensación de parálisis en la que no te puedes mover en absoluto? Pues no eres el único que la sufre. Se trata de un fenómeno muy común denominado Parálisis del sueño.
Este fenómeno ocurre siempre en los «extremos» del sueño que más cerca estamos de la conciencia (cuando estamos quedándonos dormidos o cuando estamos a punto de despertarnos), sólo que antes de que ocurra perdemos la conciencia de estar despiertos y no lo notamos. Sin embargo, algunas veces se produce la parálisis del sueño antes de perder la conciencia, y nos encontramos en un estado en el que no estamos dormidos ni despiertos y notamos que estamos paralizados.
Al sentir la parálisis en un estado de conciencia cercana a la fase REM, es posible que mezclemos dicha parálisis con un sueño, que potenciado por los sentidos y nuestro cerebro, hace que obtengamos como resultado todo tipo de alucinaciones desagradables.
El problema de experimentar una alucinación en este tipo de parálisis, es que al estar combinada con un sueño (en el que existe todo tipo de posibilidades), la imaginación (ídem) y todos los sentidos, es muy impactante y real y casi siempre producen temor o miedo (también depende de la persona).
Los casos más documentados son:
Como se puede ver, la tendencia principal y más común suele ser asociar lo ocurrido a un fenómeno paranormal, por lo estrambótico de la situación.
Muchas veces, todos estos factores hacen que ese simple fenómeno de parálisis sencilla, derive en una pesadilla y/o nos haga despertar, totalmente desconcertados y confundidos, y al buscar en google sobre el asunto, lleguemos a este artículo... :-)
Hablando con odnei surge el tema de la Dreamachine o Máquina del sueño, inventada por Brion Gysin, escritor y pintor de las afueras de Londres, y por Ian Sommerville, profesor británico ingeniero de software, cerca de los años 60.
Se trata de un curioso aparato formado por un cilindro hueco con una bombilla encendida en su interior. Además, el cilindro posee varios recortes uniformes por donde puede pasar la luz.
Dicho cilindro estaba colocado sobre un gramófono, que gira a una velocidad de 45-75 RPM. Esto hace que se proyecte un parpadeo de luz intermitente, similar al de los ojos en la fase REM y provoque en el observador (que está frente al aparato con los ojos cerrados) un estado de hipnagogia, estado en el que una persona no está ni dormido, ni despierto, sino entre los dos.
Por norma general, se comenta que los observadores de la máquina del sueño (dependiendo de la capacidad de relajación y concentración que tengas) suelen necesitar entre 5 y 10 minutos para que consigan comenzar a soñar despiertos (¡ojo!, ¡hay que estar con los ojos cerrados!), visualizando imágenes u otros. También avisan de que no se recomienda para personas epilépticas o con sensibilidad a desmayos, puesto que el parpadeo constante puede afectarles.
A continuación tienen un manual de como construir una máquina del sueño, una máquina del sueño en versión HTML y un video equivalente al efecto de la máquina del sueño original:
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