La mayoría de la gente conoce (al menos a grandes rasgos) la famosa historia de la Atlántida, también conocida como «la civilización perdida». Y aunque en muchos casos es rechazada por lo inverosímil que parece, muchas culturas (como la azteca) hablan de ella.
En la mitología griega, el famoso filósofo Platón contaba que la Atlántida era una gran y próspera isla que existió cerca de la zona del Mar Mediterráneo, frente a las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar), a la que debe su nombre el Océano Atlántico y uno de los lugares donde reinaba el Dios de los mares y los océanos, Poseidón (también llamado Neptuno).
Poseidón se enamoró de Clito, la hija de Evenor, con la que tuvo diez hijos (y cada uno reinó una parte de la Atlántida). Para protegerlos de los males y de los mortales del exterior (algunos dicen que por celos), hizo construir 3 anillos concéntricos, alternando entre agua y tierra.
Así, ningún hombre podría acceder al círculo central donde vivía Clito, ya que en aquella época no existía la navegación.
La Atlántida fue una ciudad muy próspera, en la que todo bien abundaba. Había cantidad de recursos de todo tipo, destacando el Orichalcum (aleación de cobre, zinc, plomo y latón dorado), uno de los metales más preciados, utilizados para rendir culto a Poseidón. Abundaba la flora y la fauna, y sobre todo los Elefantes, uno de los animales por excelencia de la región.
Los Atlantes prosperaron y comenzaron a edificar. Construyeron una increíble Acrópolis, levantaron edificios, palacios y templos, crearon muros con mezclas de rocas, bañados con diferentes metales y orichalcum. También destacaban los hijos que reinaban, quienes acordaron seguir una serie de leyes (grabadas en una columna de orichalcum en el Templo de Poseidón) en las que mencionaban que siempre se ayudarían entre sí, evitando guerras y ataques.
Fueron una civilización en la que la justicia, la bondad, y muchas otras virtudes, eran los canones más importantes.
Sin embargo, aunque los textos de Platón no detallan exactamente que fue lo que ocurrió para que la civilización de la Atlántida se extinguiera, se cuenta que tras algunas generaciones, los sentimientos de avaricia y ansias de dominación se apoderaron de los atlantes. Procedieron a dominar algunos lugares, sembrándo el pánico y sometiendo a sus habitantes, hasta que en Atenas se resistieron a sus ataques.
Fue entonces cuando los dioses se reunieron, y encabezados por Zeus, el líder de los Dioses Olímpicos, decidieron castigar a los atlantes con un tsunami de un día y una noche de duración, en el que las olas alcanzaron los 150m de altura.
Poco más se sabe de la gran ciudad, a parte de que fue totalmente arrasada y destruida, sumergiéndose en el fondo del océano Atlántico. Se dice que las Islas Canarias, Madeira, Cabo verde y otras, son restos de la gran civilización de la Atlántida, así como el Teide es el antiguo Monte Atlas.
Como curiosidad, una ambientación muy bien conseguida sobre la Atlántida se halla en la aventura gráfica de Indiana Jones en busca de la Atlántida (and the fate of the atlantis) donde los detalles están muy bien cuidados; desde la isla de Creta hasta las adaptaciones de la Atlántida, incluído el Orichalcum.
La historia del American Star comienza en 1939, cuando era bautizado por Eleanor Roosevelt con el nombre S.S. America, el lujoso transatlántico de la naviera United States Lines.
Fue considerado uno de los barcos más lujosos e importantes del mundo (su longitud era 48 metros más pequeña que la del Titanic) siendo militarizado en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, pintandolo de camuflaje y rebautizandolo como U.S.S. Westpoint.
Después de varios años, el barco pasó por diferentes propietarios teniendo nombres como S.S. Australis, S.S. Italis, S.S. Noga y S.S. Alferdoss.
Más tarde, ya por el año 1993, la compañía tailandesa Chaophraya compra el viejo barco por un valor de 2 millones de dólares con el objetio de convertirlo en un hotel flotante de lujo en Bangkok. Fue aquí cuando se rebautizó como American Star.
El 15 de Enero de 1994, con las hélices desmontadas y propulsado por el remolcador ucraniano Neftegaz 67, el barco se dirigía con la intención de hacer escala a el Puerto de La Luz y de Las Palmas (Gran Canaria), sin saber que una terrible tormenta le esperaba en las aguas de las islas.
El temporal azotó el barco e hizo imposible los intentos de recuperar el control del barco, incluso con la ayuda del Neftegaz 67 y dos remolcadores más. Dos días más tarde, un helicoptero rescataba a la tripulación del American Star y decidían dejar el barco a la deriva, para recuperarlo cuando pasara la tormenta.
Desgraciadamente, el 18 de enero, el histórico transatlántico encallaba en la playa de Garcey (Pájara, Fuerteventura).
Mientras se encendían las discusiones entre los dueños de la nave, el remolcador, y las aseguradoras, la nave fue desatendida hasta que el casco se partió a la mitad a consecuencia de las fuertes corrientes de agua y oleaje de la zona. Poco más tarde la popa del barco se hundía en el océano. El 6 de julio el American Star era declarado siniestro total.
No faltaron rumores sobre el suceso. Algunos afirman que el remolcador soltó las amarras apropósito, para posteriormente abandonar el lugar, como efectivamente hizo, o que todo estaba planeado por la empresa tailandesa, ya que era más fácil viajar hacia Oriente atravesando el canal de Suez, en lugar de rodear África.
Actualmente, el American Star se puede ver perfectamente desde las playas de Fuerteventura y es toda una atracción turística para los extranjeros y no tan extranjeros. Desgraciadamente, se ha cobrado algunas víctimas que han intentado explorar el barco en su peligroso estado actual, lo que ha hecho que los majoreros lo llamen el barco fantasma.
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